NOTICIA DE LOS BRAVOS CORSARIOS DE LA COSTA DA MORTE
 
Luchaban por los derechos internacionales, el libre comercio y para defenderse de los ataques piratas. 
  
Xosé Manuel Lema  
 
Una de las páginas inconclusas de nuestra historia comarcal, que poco a poco está saliendo a la luz, es el de la intensa actividad corsaria de la época inmediatamente anterior a la batalla de Trafalgar. 

Desde los tiempos de Fernando VI y Carlos III la armada española y el comercio marítimo tuvieron un pulo importante. España seguía contando con un basto imperio y los puertos atlánticos se iban abriendo al comercio europeo y americano. Desde el siglo XVI los ataques piratas de todas las naciones a las costas da Fisterra fueron constantes. En 1524 14 naves francesas se enfrentaban a otras tantas vizcainas y los fisterráns participan apresando una gabarra de 17 hombres. En 1544 25 buques galos saquean Fisterra. En el siglo siguiente hay datos de ataques turcos y berberiscos, holandeses e ingleses. Todo esto hizo que en nuestras costas, además de comercio, hubiese también actitudes defensivas contra los piratas.  
 
 
 Ambrosio Alvarez Pardiñas.
Amigo del Rey de Portugal y defensor
de los derechos internacionales.
Entre el 1744 y  1881 los reyes conceden patentes de andar al corso a los barcos de comercio en las costas gallegas y entre ellos algunos de la comarca. Nace así la gran época del corso, una lucha muchas veces de autodefensa, de golpear a los enemigos con sus mismas armas. Eran estos barcos navíos comerciales preparados para defenderse de los bloqueos marítimos o gente de mar que hacía presa en los navíos ingleses y portugueses que pasaban por nuestras costas, muchos de ellos cargados de bacalao de nuestra perdida Terranova. 

Entre 1798 y 1818 se produce una intensa actividad corsaria. La guerra de independencia de Norteamérica provoca que Inglaterra declare también la guerra a España y produce los bloqueos marítimos, falsos pactos y de nuevo bloqueos como el de 1801. En este marco la Costa da Morte arma barcos (pinazas, bergantines, goletas) para el corso.

Aparecen así en los años noventa los nombres de Escaja, Leira o Lastres en Corcubión o de Meréns en Cee 

La Royal Navy hace una incursión para hostigar al corso gallego y francés, hay un bloqueo de corsarios ingleses en el 1801 y otro durísimo de fragatas de guerra tres años después. 

Pero los intrépidos capitanes fisterráns como los vigueses y coruñeses son capaces de enfrentarse a los grandes buques de guerra y hacer cientos de capturas. Así el puerto de Corcubión pasa a convertirse en una de las más importantes plazas atlánticas de subasta de barcos capturados y mercadurías ganadas en la guerra de corso.  

Porque es una guerra auténtica. A principios del siglo pasado temos constancia de cuatro muertos por andar al corso en Cee y dos de Ponte do Porto luchando en el Reino de Cádiz.  

No sólo apresaban navíos en nuestras costas. Los puertos del sur y los de América también eran lugares de recalada de nuestros marinos. Así en la vecina Camariñas y en Ponte do Porto (fielatos marítimos dependientes de Coruña) comerciaban con Cádiz, Sevilla, con Vigo y con México. En el comercio con los puertos del sur destaca Domingo Antonio de Pazos y en el mejicano, Ambrosio Alvarez Pardiñas. Este es uno de los más bravos capitanes corsarios, un auténtico pirata del Caribe que ya entre 1792 y 1798 tendrá un bergantín en el puerto de Veracruz, "La Constancia de Galicia" con 25 hombres y diez cañones. 

Carlos IV concede licencia de corso en enero de 1800 a Don Antonio de Leira y a Xaquín Domínguez de Corcubión y a Pedro Díaz Porrúa y Xosé Sánchez de Cee que arma en Fisterra la pinaza "San José e ánimas" con dos cañones, dos obuses pedreros y treinta hombres mandados por un gran capitán, el valiente Xaquín Agramunto. Este marino fisterrán que tantos destrozos causó a la armada británica, será el patrón de otros dos barcos armados por Antonio de Leira "La Venganza" y "La Barquintón". 

De los corsarios de la ría de Corcubión un lugar de mérito lo tiene que tener Leira, que por contribución patriótica fue distinguido como regidor de la villa de Corcubión en 1777, cargo que mantuvo durante veinte años, siendo señor de la villa y jurisdicción Vicente Osorio de Moscoso y Guzmán conde de Altamira. Antonio de Leira y Castro fue nombrado factor de las villas de Corcubión, Muros y Camariñas en 1797 en el reinado de Carlos IV, y por lo tanto encargado del aprovisionamiento de víveres para el ejército en los términos de estos puertos citados. 
 
Anteriormente había sido factor de Corcubión su padre, el también comerciante José de Leira. Y ya en los inicios de la invasión napoleónica de nuestro suelo, Leira tuvo un papel destacado en las embajadas que se hicieron a Inglaterra para conseguir ayudas para los rebeldes gallegos que luchaban en las guerrillas contra el francés, ya que antes de corsario había sido, en los años setenta, vicecónsul de Inglaterra en Corcubión. Circustancias de los saltos de la política en un tiempo inestable y de alianzas y guerras entre las naciones que dominaban el mar, entre las que se encontraba nuestro país, potencia de primeira fila hasta el desastre naval de la armada de Villeneuve contra la de Nelson.  
 
Escritores como Curros Enríquez desde las letras gallegas o Espronceda en las españolas, cantaron o promovieron actos bélicos en el mar pasada ya la época de corso.
Una de las páginas de bravura y valentía aún no escrita de la Costa da Morte ni del corso gallego en general fue librada por marinos de nuestra costa, una de tantas páginas aún inmersas en las cenizas en el abismo de la memoria: marinos que se enfrentaban a fortalezas navales de tres puentes, que apresaban enormes navíos comerciales y que luchaban en Europa, América y Africa por la libertad comercial, por el aislamiento y por la defensa de su país y de sus villas, secularmente dañadas por la pirateria y las acciones de represalias. 

Unos héroes reales, de carne y hueso, de nuestra misma carne, nuestros ancestros, muchos de ellos con nuestros mismos nombres, apellidos y sangre.  

Honor a todos los grandes marinos de esta tierra de lucha y sacrificio, la inmortal Costa da Morte. 
 

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