| Los comienzos
Allá
por los años de la I Guerra Mundial se empezó a arañar
en el Monte Neme este mineral que en aquel tiempo era usado para los filamentos
de las bombillas y para endurecer el acero. Sobre todo por esta última
utilidad, el wolframio estaba ya convertiéndose en un mineral de
carácter estratégico, que los militares ingleses y alemanes
intentaban tener lo más controlado posible. Aunque por aquellos
años el mineral del área de Carballo ya era conocido, apenas
fue explotado, quedando la minería gallega de wolframio reducida
a dos zonas aprovechadas por una antigua empresa inglesa, la de Lousame
y la de la línea Beariz-Fontao.
Los alemanes en Carballo
En las vísperas de la II Guerra Mundial,
la Alemania nazi, que no tenía en su territorio minas de wolframio,
buscó desesperadamente una fuente para aprovisionarse de este mineral
de importancia estratégica. Frente a las previsibles dificultades
de suministro desde China o Birmania en caso de guerra, tenía que
encontrarlo en Europa, donde este mineral es escaso, ya que se da practicamente
sólo en Galicia, Portugal y en la provincia de Cáceres.
De este modo, Hitler reclama al gobierno franquista,
como cobro por la ayuda militar y económica prestada durante la
Guerra Civil, autorización para organizar dos empresas destinadas
a la explotación del wolframio en Galicia. Como las antiguas de
Beariz y Lousame ya estaban en explotación, los alemanes se dirigieron
a dos zonas que practicamente estaban sin explotar, el núcleo minero
de Casaio y la comarca de Carballo. Para este último objetivo, y
sobre todo para la explotación de las de Monte Neme, habían
constituído en Vigo una empresa denominada " Estudios y Explotaciones
mineras Santa Tecla ". Los alemanes llegan así a Carballo ya antes
del final de la Guerra Civil.
El auge minero
El wolframio gallego tenía para los alemanes
una importancia decisiva. Era practicamente su única fuente de suministro,
algo que los americanos e ingleses conocían. Los alemanes necesitaban
el wolframio gallego para endurecer los blindajes de su armamento y sus
enemigos tenían que evitar a toda costa que esto ocurriese para
así poder dañar facilmente sus Panzer. Galicia se llena así
de agentes alemanes dispuestos a conseguir el material a cualquier precio
y de agentes aliados dispuestos a evitarlo.
Las minas de la comarca de Carballo pasan así a tener una importancia
estratégica desconocida hasta aquella época. El precio del
mineral se multiplica por cien. La fiebre minera comienza en Monte Neme.
La fiebre minera atrae a la comarca toda caste
de aventureros y especuladores, mientras que el Monte se llena de mineros.
En conjunto, el dinero abunda y la actividad se incrementa. La ciudad de
Carballo crece como nunca. De los
1500 habitantes que tenía en el año 1940, que es cuando comienza
la fiebre, pasa su población a 3000 en sólo diez años.
... y la decadencia
El final de la Guerra Mundial significa el fin
de este primer auge minero, ya que los precios caen por la oferta de mineral
de países como los citados antes y de otros nuevos como Bolivia.
Un segundo auge se producirá en los primeros años 50 por
causa de la guerra de Corea, que tira de los precios nuevamente al alza,
ya que la guerra interrumpe los suministros del Extremo Oriente.
Con el fin de la guerra de Corea y la regularización
de los suministros de los grandes productores, la mina de Monte Neme, como
toda la gallega de wolframio, pierde importancia y empieza su decadencia.
La explotación de Monte Neme es precisamente una de las que resisten
más tiempo, ya que aunque no volverá nunca al esplendor de
las épocas de guerra, seguirá en funcionamento hasta los
años 1980. El final de la extracción de wolframio cerró
una época en la que nombres como Carballo o Monte Neme resultaban
familiares en todas las cancillerías europeas.
A REGUEIFA, Revista Cultural de Bergantiños
Año 1.992, número 8
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