En
el hogar de los pensionistas cuelgan cinco murales que conversan cada
día con los viejos marineros ya derrotados de la pesca a la
ardora.
En
ellos Lugrís reescribió leyendas como las que salen
del suelo de las Sisargas
o de ese mundo submarino que recuerda la ciudad desolada de los
Bajos de Baldaio. La caza
de ballenas, “por lejanos mares”, nos habla de la antigüedad
de esta villa marinera.
Otros
murales encuadran esta villa en la geografía de la Costa
da Morte, con sus escarpados acantilados o allí donde, en
la rosa de los vientos, se escucha el sonar de una vieja melodía.
Un
tríptico marinero, enmarcado en su pañuelo, nos enseña
un drama en tres lances. Los trípticos hagiográficos,
que presentan las leyendas y atributos iconográficos de imágenes
religiosas malpicanas y universales, nos ofrecen, como exvotos,
como mensaje comunicativa, sus símbolos y sus leyendas.
Como
pintor de los fondos marinos, Urbano Lugrís supo sumergirse
en la identidad de esta villa marinera. Aquí, en Malpica,
en el canto de una sirena, Lugrís andaba a la procura de
aquellos cazadores de ballena, que dibujaban el mar como si por
los ronseles de la isla de San Brandán fuesen guiados.
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