LAS GÁNDARAS DA BARCA: ¿explotar o conservar?

Por Manuel  Rivas 
Premio Nacional de Literatura 1997 
  
Además del mar, si algo caracteriza a la Costa da Morte son sus impresionantes montes rocosos.  

Los especialistas hablan de rocas zoomórficas y antropomórficas. Pero para cualquier mirada humana, para cualquier ojo que non sea simple depredador, este paisaje no necesita definición. Emociona, sobrecoge, se vuelve inolvidable. No hay en Europa un paisaje de orillamar semejante. Conservarlo no es sólo una obligación de tipo cultural y ecológico. Es una inversión de futuro.  

Pues bien, este paisaje único está en peligro. Según anuncia el Diario Oficial de Galicia, hay un proyecto de explotación en forma de canteras que se iniciará, si la Comisión Gallega de Medio Ambiente no lo remedia, por las extraordinarias rocas  de Pasarela que cantó Eduardo Pondal, el autor de la letra del himno gallego.  

Nunca pensé que a nadie se le ocurriese semejante cosa. Creo que nadie que conozca y ame la Costa da Morte podría pensarlo. Pero ahí está, la destrucción afilando los dientes de su maquinaria.  

Galicia es el país del fins terrae. No nos cansamos de repetirlo. Se exhibe como reclamo y emblema turístico. Galicia es también la Terra Nai. La queremos todos mucho. Nos sentimos orgullosos de este paisaje.  

Pero tras la retórica y las declaraciones sentimentales, suceden cosas inexplicables que dicen muy poco de la sinceridad de los discursos. Gastamos cientos y cientos de millones de dinero público en proclamar que esta tierra es única, ¿y non seremos capaces de conservar lo que precisamente la hace única?  

También se dice que somos Europa. Para lo que conviene, claro. Fuera de aquí, proyectos como este no pasarían de disparates suspensos en el primer trámite administrativo. ¿Alguien imagina explotaciones a cielo abierto en los santuarios naturales de la Bretaña francesa o de Irlanda? El plan Leader, al que se acogió la asociación intermunicipal Neria, se basa precisamente en lo contrario. En promover un desarrollo sobre los valores naturales de la Costa da morte. Este tipo de destrucciones son pedradas en la frente del futuro.  

Hay cosas que no se deben tocar. Destruirlas es una maldición para un pueblo.   

Quien lo haga, quien lo permita, no debería tener perdón de Dios. 

 
 
  
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