![]() |
![]()
|
|
Otra vez, Roberto Traba Velay viene a contarnos una historia con la que nos hace ver cual es la vida del día a día, en una de nuestras poblaciones de la Costa da Morte. Roberto Traba
Velay
El lunes, los teléfonos sonaron más de la cuenta a partir de las nueve y media de la noche porque hermanos, tíos, amigos, padres y colegas querían comunicarse los unos con los otros que estaba saliendo el Pecas por la Gallega y que lo estaba haciendo, desde muy bien, hasta cojonudamente, pasando por de p… madre. Posiblemente en la noche del lunes, y gracias a la colaboración del Pecas en la serie que tan “gheadamente” dirige Antón Reixa, en Fisterra se dio la rara circunstancia de que toda la familia se juntara frente al televisor, grande como en los tiempos en que había una sola cadena y, por lo tanto, una sola película y un solo partido de fútbol. Y también tres o cuatro anuncios que los niños sabíamos de memoria y que hacía que, a falta de videoconsolas, nos consoláramos jugando a ver quien era el primeiro que acertaba la propaganda. En décimas de segundo sabíamos si era la de Nescafé, la de Ajas, el más poderoso, o somos los conguitos, riquísimos de comer. Frente al viejo televisor en blanco y negro, con la pantalla llena de lluvia, aquellos tiempos se convierten hoy ni en mejores ni peores, sino diferentes, por lo menos en aquellos años setenta, cuando el dictador ya no dictaba tanto y salían en programas como los Directísimo con José María Íñigo, gente como el fallecido señor Ramón Calvo para contar sus penas y decir que la vida no era tan bonita, y llamarle al pan, pan, y al vino, vino. Por aquel entonces no había tanta llamada de teléfono porque había que hacer una conferencia y esperar un montón de tiempo para que te pusieran con tal o con cual, pero lo que había era la misma expectación y desde la cocina los padres escuchaban a los niños gritar emocionados: ¡Papá, papá, el señor Ramón está en la tele! El Pecas, Ramiro, Juan Papín, me hizo recordar
aquellos días y me gustó, claro que me gustó, y más
aún que llevara una visera de la Fiesta
del Longueirón, porque
en Fisterra somos así.
|
|
|